Santa Rita – High On The Seas (2013)

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El grunge no es ropa sucia, greñas y pocos baños o, al menos, eso demuestran Santa Rita con su primer LP. High On The Seas no es un disco como muchos otros, es un rompehielos arrasando con todo a su paso, es cada uno de los miembros de la tripulación de un barco de Pesca radical, es la tranquilidad del Titanic cien años después de su hundimiento, es una llamada de socorro en aguas internacionales. High On The Seas es todo eso y más desde el primer acorde. Santa Rita nos traen uno de los mejores discos del año, lo hacen en clave de grunge -género casi extinto, algo que hace más curioso el concepto- y nos parece fenomenal.

Pongámonos en situación: empieza el disco. Nos encontramos en Seattle, hemos vuelto a los 90 y estamos de crucero con cuatro chicas que comienzan a tocar. Suena Báltico y nos damos cuenta de que solo pueden ser la reencarnación de Sonic Youth. La música continúa: primero Necochea, luego Cantábrico; es la calma después de la tormenta, después de los gritos de “Smash your brain!” en la primera canción. Llega Mar Muerto y atracamos. ¿Es un puerto abandonado? ¿Fantasmas? ¿Cantos de sirenas? ¿Estamos muertos de verdad? Después de la incertidumbre, el viaje parece seguir. Es Cap de Creus y estamos solos en la niebla. El cuarteto parece querer sacarnos de este “lugar” a base de rabia y guitarreo, no les diremos que no. Hemos pasado la mitad del disco, todo está bien, estamos volviendo y nos dedican una canción de amor y tejanos ajustados -el típico tema por el que lo daríamos todo a las tres de la mañana, cerveza en mano-, es Fidji y queremos subir a cantarla con ellas durante el resto de la noche. Ahora es el turno de Adriático, buen tema aunque poco depurado, quizá el único momento de relleno de todo el álbum -y eso que es una canción 100% à la Goo-. Con Pacífico quieren ponernos la piel de gallina, momentos de rock oscuro y denso con el añadido de que han vuelto los “cantos de sirena”. Llegamos a casa, pero antes, nos dicen que aún no puede ser, que les queda la traca final. Los cuatro minutos y medio de Fisterre resumen el disco a la perfección: rabia, pesadez y oscuridad combinadas con una crudeza poco vista en la escena independiente de este país.

High On The Seas no es solo eso. Ha sido un buen viaje, de aquellos que cuando recuperas las fuerzas necesitas repetir, y es necesario repetirlo, puesto que a cada escucha se encuentra algo nuevo: no es un álbum improvisado; está lleno de matices y cada vez que encuentras uno, necesitas el siguiente, eso que se te ha pasado, revivir qué te ha maravillado… Esperemos que el viaje no acabe aquí.